Cuentan que el dios Dionisos otorgó al rey Midas, soberano de Frigia, la facultad de convertir en oro todo cuanto tocaba. Tras en júbilo inicial, al ver que no podía ingerir alimentos, pidió a la deidad que le liberara de su don. Para conseguirlo hubo de bañarse en el río Pactolo, que desde entonces contiene arenas auríferas.
La ubicación de ese río, aún hoy es un auténtico misterio. Sin embargo, se dice que hay en el mundo personas que, tras viajar mucho por los caminos de la vida, cuentan haberse sumergido en las aguas de una infinidad de ríos y regresan con el don de convertir en oro todo aquello que tocan.